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Monday, September 30, 2013



Juan Lara Guido


GREGORIO PRIETO  (III Parte)


Gregorio Prieto regala 240 obras suyas a Valdepeñas[1]

16 noviembre 1982

El Museo de Los Molinos del pintor Gregorio Prieto, que fue inaugurado la semana pasada en su Valdepeñas natal, recoge 240 obras del artista: óleos, en su mayoría, dibujos, grabados, collages, fotomontajes, así como tres piezas artísticas donadas por Gregorio Prieto: un retablo del siglo XVII y dos tallas (una representa a un arcángel del siglo XVII y la otra un Espíritu Santo, que ha sido colocada en la bóveda que culmina el edificio).
El Museo recoge también una amplia muestre bibliográfica sobre el artista y numerosas carpetas y libros escritos e ilustrados por Gregorio Prieto.

Completando las obras de arte, el museo recoge también una amplia muestra de la bibliografía existente sobre el artista, así como numerosas carpetas y libros escritos e ilustrados por él.

Representación de los Molinos.

Una buena parte de los óleos son representaciones de los molinos de viento con que el pintor se ha ido topando por medio mundo. Molinos manchegos, por supuesto, pero también de Italia, Grecia, Holanda, Inglaterra, Austria, Nueva York… Molinos todos ellos que han tenido un adalid, un recuperador, en la persona de Gregorio Prieto. Las distintas épocas de su obra están representadas en el museo. Desde el impresionismo inicial en los años veinte hasta sus últimas obras, remozadas de todo el quehacer anterior pasando por los maniquíes de la época parisiense; la serenidad clásica de su época griega; el artista de la Generación del 27 (Lorca, Cernuda, Aleixandre, etc.); el expresionismo exacerbado de su época manchega, tocada por el uso intensivo del color; el postismo, su etapa más desconocida de público y crítica, que tanto le interesaba allá por los inicios de la posguerra, al alimón con el pintor y poeta Eduardo Chicharro.
De esta época están representados más de una veintena de Collages fotomontajes que festejan polifacéticamente la imaginación más desatada.
La tendencia a la eternidad local y universal del artista comenzó en 1952 con la construcción, en Valdepeñas, del Molino de Gregorio Prieto. Son 1400 m2  en dos pisos, entre los que se reparten tres salas que recuerdan la más purista arquitectura manchega de los siglos XVII y XVIII.


Vicente Nello, pintor local, ha sido el diseñador del edificio, su arquitecto en funciones, por iniciativa del Ayuntamiento de la ciudad y de su alcalde, Don Esteban López Vega. El edificio, construido a modo de palacio, imita hasta el más mínimo detalle las casas solariegas manchegas de la Ilustración. La inmensa mayoría de sus elementos decorativos y arquitectónicos provienen  de los restos conservados tras la demolición de viviendas antiguas, palacios y colegios valdepeñeros, celosamente, conservados por sus munícipes a lo largo de los años para gloria del pintor. Maderas, tejas, ventanas, cancelas, puertas, vigas, rejas, escudos heráldicos, mobiliario. La misma piedra de los zócalos y de los contrafuertes son restos nobles que en otro tiempo adornaron las calles y patios de las casonas de Valdepeñas. Dos patios internos purifican de la luz al museo.

En un lateral del museo se le ha construido a Gregorio Prieto una vivienda completa, cuyas ventanas dan al patio central. “Cuando venga a Valdepeñas a pasar alguna temporada con el buen tiempo”, comenta Vicente Nello, “Como nos tiene prometido, Gregorio, va a estar viviendo en su mundo, entre cuadros y ángeles, como a él le gusta”.

Valdepeñas recibe del pintor Gregorio Prieto su colección de obras de Arte[2].

6 mayo 1985

La ciudad de Valdepeñas contará con una de las mejores colecciones públicas españolas de arte contemporáneo, gracias a la entrega del patrimonio personal del pintor Gregorio Prieto, a lo que será la fundación que lleva su nombre. Esta colección está formada por numerosos fondos de pintura, escultura y antigüedades atesorados por el artista de Valdepeñas a lo largo de toda su vida. Hasta el momento, según el pintor Vicente Nello, que está realizando el inventario de dichos fondos, se encuentran  debidamente catalogadas más de 1200 piezas, pudiendo llegar hasta 2000 la totalidad de las obras de arte recogidas,  entre las elaboradas por Gregorio Prieto y las firmadas por otros artistas, entre las que se pueden encontrar obras de  Francis Bacon, Matisse, Braque, Chagall, Max Ernst, Henry Moore, Chirico y de los españoles Zurbarán, Francisco de Goya, Picasso, Tapies, Solana, Vázquez Díaz, Darío de Regollos, Nonell, José Guerrero, García Lorca, Alberti y Pancho Cossío.

Con la firma de la escritura de compra-venta de la casa donde se situará la Fundación, se cumplen así los deseos de Gregorio Prieto de traer a su pueblo natal este importante legado artístico. La casa adquirida, que será restaurada para adecuarla a los fondos que va albergar, tiene una superficie de 2000 m2. y su costo de 18 millones de pesetas.

La obra de Gregorio Prieto.

Está considerado uno de los Museos privados más importantes de Castilla-La Mancha.

Una típica casa manchega del siglo XVII sirve de sede a este museo que exhibe, desde 1987, el trabajo pictórico y el patrimonio donados por Gregorio Prieto. Su fondo está compuesto por 3000 obras de arte, la mayor parte de Gregorio Prieto, aunque también hay cuadros de pintores nacionales como Picasso, De Pissis y Vázquez Díaz y de otros artistas extranjeros. Además de la colección de tallas de madera de los siglos XVII y XVIII.
El recorrido por las salas permite contemplar la evolución de la obra de Gregorio Prieto, desde su época impresionista hasta el surrealismo, pasando por las etapas griega y romana, y su famosa etapa postista, donde destacan las surrealistas y metafísicas, fotografías tan características de este movimiento.
El edificio que alberga este importante museo privado pertenece a la arquitectura civil manchega de los siglos XVII y XVIII y posee un dintel blasonado, una puerta tachonada y un patio central de columnas, con galería superior abierta al patio. El cuerpo central de la casa y algunas zonas industriales, como la bodega, se conserva íntegramente; el resto es de nueva construcción.

Gregorio Prieto escribe un libro sobre Luis Cernuda[3]

 7 Enero 1984


La escritora Rosa Chacel presentó en la Casa de Cultura de Ciudad Real la obra inédita del pintor Gregorio Prieto Cernuda en Línea, libro con el que el artista manchego ha querido inmortalizar en forma de texto y de imágenes plásticas su memoria del gran amigo Cernuda. El acto contó también con la participación activa de los poetas José María González y Prado  de  Juan. Rosa Chacel, amiga de ambos desde su primera juventud, quiso desde el inicio de su intervención desvelar el recuerdo común de aquellos tiempos. “En este libro”, apuntó, “en la presencia de estas dos criaturas fraternas en el tiempo, se hace patente lo más grave y sustancial para mí, sencillamente nuestras vidas”. Destacó la escritora la importancia decisiva que tuvo ese Museo de Reproducciones y del Arte Antiguo que es el Casón de Madrid en la formación artística de Gregorio Prieto. “Si Gregorio no hubiera vivido el Casón, no sería el artista que es. Que sería otro, no cabe duda”.
De entre todos los recién aparecidos en Madrid, la figura más singular para la escritora fue la de Luis Cernuda, “singular por su delicado y silencioso aparecer, singularidad o rareza que consistía en aparecer como de paso y quedar con una excepcional firmeza”. “Tanto el poeta glosado como el glosador, coinciden en la pasión por los cuerpos. Uno y otro se agotan en el ansia por la presencia y la figura. Cuerpos, formas… ante ellos la pasión alcanza el éxtasis pero aunque plenamente logrado, el prurito o delirio de repetición sigue inagotable…”.
En torno a Gregorio Prieto giró, en el salón de actos de la Casa de la Cultura de Ciudad Real, la curiosidad de un público por conocer sus relaciones con Cernuda. Así, el pintor revivió algunas anécdotas y momentos convividos junto al malagueño, al que calificó en varias ocasiones de un ser raro, extraño y sufrido. “Era un solitario tremando, irresistible”, recuerda Gregorio Prieto; “íbamos a comer juntos a un restaurante y se sentaba en una mesa él solo. Estaba muy necesitado de amistad y de amor”. También recordó las relaciones de Cernuda con algunas damas intelectuales de la época: Nieves de Madariaga, Felicidad Blanch, la misma Rosa Chacel…, según aquél, “todas se enamoraban de Luis”, lo que no pareció del todo exacto a la escritora presente.

El Molino-Museo de Gregorio Prieto.

Fruto de su amor y lucha por los molinos, fue la construcción en Valdepeñas en la década de los 50, del mayor molino del mundo construido por albañiles y carpinteros molineros de la ciudad de Valdepeñas, que tendría como misión albergar una colección de las obras que Gregorio Prieto realizaba sobre la molinería. Como decía Gregorio “Pretendo que mi molino sea madre y símbolo de todos los demás”.
Este molino es hoy en día el homenaje de Valdepeñas y del pintor, a estos monumentos campesinos que ennoblecían, no hace tanto tiempo, la llanura manchega.


Una exposición demuestra el papel clave del Pintor

En la Generación del 27

“Muchos tiran mis dibujos, Gregorio, pero yo te los doy porque sé que tú los guardas, y algún día, cuando me muera, los harás famosos”.


Así se dirigía Federico García Lorca a su amigo, el pintor Gregorio Prieto, mientras ambos vivían en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Más de 70 años después esta institución ha organizado una muestra titulada “Cernuda-Lorca-Prieto: Dos Poetas y un Pintor”. Donde se repasa la amistad que unió a estos personajes de la generación del 27. Once cuadros de Prieto, dibujos de Lorca, cartas e ilustraciones componen la exposición.

Desde luego que Federico García Lorca (Granada 1898-1936), uno de los poetas y autores teatrales más importantes de este siglo, no ha necesitado de la difusión de sus sencillos, exquisitos  y casi infantiles dibujos para alcanzar la fama. Pero en verdad que Gregorio Prieto guardó las composiciones del genial granadino y a la muerte del pintor las ha conservado la Fundación que lleva el nombre del artista. Precisamente ha sido esta Fundación, junto con la Residencia de Estudiantes y el patrocinio de una empresa de electricidad, la que ha organizado la muestra que cierra una serie de actos dedicados al centenario al nacimiento de Prieto. La Residencia de Estudiantes fue a lo largo de la década de los años veinte uno de los núcleos de desarrollo, del surrealismo, un movimiento al que se sumaron los tres amigos. En el complejo de la calle madrileña del Pinar, en pleno centro de la capital, residieron, entre otros, Lorca, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Emilio Prados, Pepín Bello o Moreno Villa, y artistas como José Caballero, Maruja Malló o Benjamín Palencia frecuentaron aquel ambiente

 Exposición en Toledo[4]
21 junio 1987

Una exposición del pintor Gregorio Prieto fue inaugurada el viernes en el toledano Museo de Santa Cruz. La muestra reúne una selección de 53 obras, que representan las distintas etapas que definen la evolución creadora del pintor nacido en Valdepeñas (C. Real) hace ahora 90 años. Tras haber pasado por Valdepeñas y C. Real capital, se expone en Toledo a iniciativa  de la Consejería de Cultura del Gobierno autónomo, en colaboración de la Fundación Gregorio Prieto, la obra más representativa del pintor nacido en el corazón de La Mancha “en el que se resume todo el siglo XX”. Los cuadros que aquí se muestran, elegidos entre los 3.225 originales que posee la fundación, permiten una visión global de la prolífica obra de Prieto.
La exposición permanecerá abierta en las salas del Museo de Santa Cruz hasta el 27 de julio, para recorrer hasta octubre las cinco provincias de Castilla-La Mancha.

María José Salazar, comisaria de la exposición inaugurada ayer y que permanecerá abierta hasta finales del próximo mes de enero, calificó de “historia de una amistad” el repaso a la relación entre Prieto, Lorca y Cernuda. La comisaria destacó que Prieto fue el primero que valoró los dibujos de Lorca, al tiempo que resaltó que el pintor introdujo a escritores como Rafael Alberti en el círculo de la Residencia de Estudiantes.


Destrozada la Generación del 27 por los fusilamientos, las cárceles o los exilios, Gregorio retomó su amistad con Luis Cernuda en el Reino Unido. Nacido en 1902 en Sevilla y profesor de literatura española, Cernuda conseguiría con El joven Marino, peto sobre todo con su libro de poemas La Realidad y el Deseo, consagrarse como uno de los mejores poetas de su generación. Dio clases en varias ciudades británicas durante los primeros años de su exilio para trasladarse a Estados Unidos, donde vivió entre 1947 y 1952.
A partir del año siguiente residió en México donde murió en 1963. La Residencia de Estudiantes recibió el legado de libros, fotos y manuscritos del poeta sevillano el pasado mes de mayo. Esta aportación vino a engrosar los valiosísimos fondos que esta institución custodia de muchos intelectuales y escritores de la generación del 27.

Exilio británico

Algunas cartas que se exhiben en la muestra de la Residencia de Estudiantes dan cuenta del cariño que se profesaron Prieto y Cernuda y de su profunda amistad acrecentada por las duras condiciones del destierro. En 1976 el pintor dejó escrito:

“Luis Cernuda y yo fuimos siempre buenos amigos durante los nueve años que el poeta residió en Inglaterra. El sentimiento de eternidad fue lo que realmente nos unió. Compenetrados en mutua caracteres contradictorios en diferentes sentidos, pudimos sobrellevar tantas desdichas y guerras que atacaban a Europa entonces, gracias a esta atmósfera tan bella en el ambiente nórdico”.

En la obra gráfica de Gregorio que muestra la exposición de la Residencia de Estudiantes se incluyen retratos de Gregorio Prieto, Lorca y Cernuda, así como otras pinturas que resumen sus etapas artísticas. Las publicaciones motivadas por estos años de amistad están representadas por los escritos de Lorca ilustrados por Prieto. De cualquier modo, Prieto jugó un papel determinante como animador cultural de la generación del 27 que muchos especialistas han definido como un grupo básicamente integrado por pintores y por poetas. Buena prueba de ello dieron con su amistad Prieto, Lorca y Cernuda.

Gregorio  Prieto:


El “Postismo” es como un milagro[5]

7 Marzo 1978
Hoy se inaugura en la sala grande de la Biblioteca Nacional una exposición antológica del pintor español Gregorio Prieto. En ella se exhibirán un total de 130 obras, y probablemente, lo más espectacular de la misma sea exhibición, por primera vez, de numerosas obras “postistas”. Prieto y Eduardo Chicharro, “Chebé”, fueron creadores de un extraño movimiento que a juicio del pintor “No existe, existiendo”.
La entrevista:
“El “Postismo” surgió exactamente en 1930, declaraba a El País el pintor. Nació en Roma y surge de la fotografía. Eduardo Chicharro, que para la literatura y el “postismo” firmaba “Chebé”, tenía una auténtica obsesión por ser amigo mío, pero tenía un tipo de vida y de pintura que a mí no me iba. Insistió en ser amigo mío, y nos decidimos a comprar una cámara de fotografías. Chabé decía de mí que era un “narcisista” y la verdad es que sí lo era. Pensábamos las fotografías y en todas ellas era yo el modelo”. “Valle-Inclán, que entonces era el director de la Academia de España en Roma, en donde vivíamos Eduardo y yo, cada vez que nos veía la cámara decía “Ahí están esos dos locazos”. Lo cierto es que yo debía de tener cierto atractivo como modelo porque cuando fui a Copenhague, en el año 30, Dreyer, el realizador de la maravillosa Juana de Arco, película que es como Las Meninas del cine me hizo una serie de fotografías porque quería realizar un filme sobre Goya Joven en el que yo desempeñaría el  papel principal”.
Lo sorprendente de Gregorio Prieto es, naturalmente, el propio Gregorio Prieto. Su dilatada existencia cuya identificación cronológica es empresa imposible de concretar, le permite poseer una de las memorias artísticas más ricas de anécdotas y conocimientos personales. Su obra al igual que su vida es amplia y fecunda en experimentaciones artísticas. Alabado por unos, y naturalmente, denostado por otros, Prieto es, sin duda, uno de esos raros especímenes de la cultura que consigue mantener la polémica y  por tanto, el interés sobre su vida y su obra.
Fase literaria
Después de aquellas primeras fotografías – algunas de las cuales muestro en esta exposición antológica – vino una fase en la que la literatura irrumpe con fuerza. Nos dedicamos, tanto Chabé como yo, a escribir textos sobre las fotografías. En 1945 el “postismo” fue relanzado a través de dos publicaciones, Postismo y Cervatana, pero la verdad es que solo se llegaron a imprimir un número de cada una de ellas. En este periodo surgen los nombres de Carlos Edmundo de Ory, Sernesi y el propio Chicharro. Fue un episodio más”. Quizá sea necesario a estas alturas de la charla intentar definir el “postismo”, centro y eje de la misma: “el postismo”- señala Gregorio Prieto – es una especie de realización de sueños, o sueños que se hacen realidad, con muchísimas ramificaciones para desarrollar un arte libre, sin trabas de ninguna especie, contando con la genialidad innata, aquella que se posee desde el nacimiento. El “postismo” te lo permite todo siempre que haya una calidad trascendente. Se ha ido haciendo él solo. Se le puede llamar “postismo” o de cualquier otro modo. No existe existiendo”.
“Esta es la primera exposición que se hace básicamente “postista” llamémosle así, aunque lo mismo podría llamarse Juan o Perico porque el “postismo puede expresarse a lo paleto, como puede ser cosa arcangélica o divina, que cogidos del brazo los dos conceptos pueden crear su arte “postista”. Se defiende de todo evadiéndose o afrontando cara a cara las situaciones, y es como el misterio, que puede ser claro como la luz del sol o misterioso en tinieblas que pueden ver la forma. Es algo como el milagro, que se razona.  

“Entretén”
“otra de las partes de la exposición – explica su autor – se llama “Entretén”. Se trata de libros con ilustraciones y textos mios y prefacios de Eduardo Chicharro, Carlos Edmundo de Ory, Ángel Crespo y Ramírez de Lucas. La idea con estos libros es la de llegar a un total de siete, que conformaran la colección Entretén-Postista. El primer número, Toro-mujer, se editó en 1949. Después le sucedieron los Niño-Mosca, Macho-Machungo y Doña Berenguela-estatua viva. A ellos les sucederían libros que aún no han aparecido y que se llamarán Doña Tora-mulotora, Genio de los genios-geniazos y el séptimo y último que no tiene título, por el momento”.

Pop-art
La exposición, que a buen seguro sorprenderá por su aparente caos, bajo el que subyace un nexo de unión que no es otro que el caótico Prieto, incluye también una serie de cuadros de “sus molinos”, probablemente la serie más popular de su creador. “Yo no quería exhibir ninguno de mis molinos – matiza el pintor – porque es una imagen tópica de mi obra, pero por atención a los organizadores que me pidieron alguno, llevaré varios ya que en el fondo son muy queridos por mí. Esta será una exposición distinta.
La verdad es que ya estoy harto de esas exposiciones de veinte o treinta cuadros, el trabajo de dos años, para luego comprobar si se venden o no se venden. Eso no me interesa. Esta exposición se abre con una especie de obra “postiza”, realizada por mí a los siete años y que se llama Mi queridísima tía, homenaje a mi madrastra y es como el origen de las obras que hice después con manos y flores. Expongo también algunas obras de lo que llamo postismo-pop-art. Uno de ellos se titula Arcangélica entrada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el que hay siete arcángeles con escopetas defendiendo mi entrada en aquella institución”. Y lo comenta sin ningún reproche hacia una Academia que sistemáticamente le negó la entrada.          


Luis Cernuda le dedicó dos poemas a su gran amigo Gregorio Prieto, “Jardín antiguo”, fechado en Londres en 1939, y “El amigo”, escrito la Nochebuena de 1944.

Jardín antiguo

Ir de nuevo al jardín cerrado,
Que tras los arcos de la tapia,
Entre magnolios, limoneros
Guarda el encanto de las aguas.

Oír de nuevo en el silencio
Vivo de trinos y de hojas,
El susurro tibio del aire
Donde las almas viejas flotan.

Ver otra vez el cielo hondo
A lo lejos, la torre esbelta
Tal flor de luz sobre las palmas:
Las cosas todas siempre bellas.

Sentir otra vez, como entonces,
La espina aguda del deseo,
Mientras la juventud pasada
Vuelve. Sueño de un dios sin tiempo.


El Amigo

Los lugares idénticos parecen,
Las cosas como antes,
Más él no está, ni luz, ni las hojas,
Y en esta calma hacia el final de año,
Llevas la soledad por toda compañía.

Es grato errar afuera,
Ir con tu sombra, recordando
Lo pasado tan cerca en lo presente,
Crecida y su flor sin tiempo.
¿Es esta soledad si así está llena?

El mediodía ahora, con su cielo
Que se acerca velado
Al río de aguas ciegas,
Vuelve hacia ti la historia,
Íntimo y silencioso como un libro.

En su sosiego crees
Que una forma ligera se encamina
Dulcemente a tu lado,
Como el amigo aquel, cuando las hojas
Y la luz, luego idas con él mismo.

Le llamas ido, y no semeja
Su vida, transcurriendo a la distancia,
Espectro de la mente hoy,
Sino vida en la tuya, entre estas cosas
Que le vieron contigo.

Negado tu deseo, hallas entonces,
Que si tocas tu mano es como su mano,
Que si miran tus ojos con sus ojos,
Y tu amor en ti mismo
Tiene cuando le dio y en él perdiera.

No le busques afuera. El ya no puede
Ser distinto de ti, ni tú tampoco
Ser distinto de él: unidos vais,
Formando un solo ser de dos impulsos,
Como el pájaro solo hacen dos alas.


Al estallar la Guerra Civil, Gregorio Prieto se refugiará en Londres, donde se reencontrará con Luis Cernuda. Se habían conocido en 1924 durante una tertulia en casa de Concha Albornoz. Pero sería a partir de 1939, durante el exilio en Gran Bretaña, cuando, a pesar de sus diferencias de carácter, se consolida su amistad. Ambos se separarán en 1947 cuando Cernuda marcha a Estados Unidos.

“Pertenece Gregorio Prieto a una generación artística española, que poco antes de la guerra civil había alcanzado plena madurez, compuesta casi exclusivamente de pintores y poetas, como ocurre con Federico García Lorca, lo plástico se superpone a veces a lo lírico, en cambio en algunos de sus pintores, como ocurre con Gregorio Prieto, lo lírico se transparenta a veces bajo lo plástico”.
Luis Cernuda.

1944. Frontispicio para el programa de una exposición de dibujos y pinturas inspirados en la obra de García Lorca, Heffer´s Gallery, Cambridge. Octubre, noviembre de 1944.
Prieto desde el exilio mantendrá viva la memoria de García Lorca, así en 1939 realiza los decorados de “La Zapatera Prodigiosa”. Representada en el King´s  College. Ese mismo año publica el libre “García Lorca as a Painter” y a partir de entonces, incluye sus retratos en varias exposiciones. En 1949 analiza el color en la poesía y los dibujos de Lorca en la introducción del libro “Dibujos de García Lorca”.
En 1949, Gregorio Prieto, regresará a España, donde continuará desarrollando su obra artística y manteniendo viva la memoria de su amigo, en 1969 publicará “Lorca en color” y en 1972 “Lorca y su Mundo Angélico”. En 1979 colabora en el cuaderno 13 dibujos de Lorca, editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Gregorio Prieto muere en la Residencia de ancianos de Valdepeñas

Gregorio Prieto, pintor manchego de 95 años, uno de los últimos y más originales representantes de la Generación del 27, amigo de Lorca, Cernuda y Aleixandre, murió a las seis de la madrugada en la Residencia de Ancianos de Valdepeñas, donde había ingresado, por decisión propia, en 1988. Artista culto, y refinado, formó parte de los principales movimientos de vanguardia españoles, y destacó como dibujante al servicio de una poética surreal de ensoñaciones arcádicas. A su vuelta del exilio en Londres, donde vivió con Luis Cernuda. Prieto sobrevivió como retratista de la clase alta y paisajista, y perdió prestigio por su excesivo mercantilismo.
Gregorio Prieto fue ingresado el 5 de octubre  de 1992 en el hospital Gutiérrez Ortega de Valdepeñas con una infección pulmonar. En ese momento se temió por su vida, pero logró recuperarse y fue dado de alta dos semanas más tarde. En la madrugada del día 14 de noviembre murió en la Residencia de Ancianos a causa de una trombosis. La capilla ardiente quedó instalada sobre las 14:30 en la Fundación que lleva el nombre del pintor, y el funeral se celebró en la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción. Prieto quedó inválido en 1975 tras una caída en su casa de Madrid, y decidió en 1988 trasladarse a Valdepeñas, su ciudad natal, e ingresar en la Residencia de ancianos.
Gregorio Prieto nació el 2 de mayo de 1897, y cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes, donde fue compañero de Rafael Alberti. En 1919 realizó su primera exposición, en el Ateneo de Madrid, que fue inaugurada por la Reina Victoria Eugenia.
Cinco años más tarde inició una intensa amistad con Federico García Lorca. Expuso sus pinturas en Roma, Paris y Estados Unidos, y en 1937 fue seleccionado para participar en el pabellón de España de la Exposición Internacional de París con su cuadro “Luna de miel en Taormina”, pintura que desapareció en esa muestra y fue encontrada 50 años más tarde en los sótanos del Palacio Albéniz de Barcelona.
En 1948, tras volver de su exilio londinense, realizó una exposición en el Instituto Británico de Madrid y recibió homenajes en Madrid y en Barcelona. 1968 fue un año importante para el artista, ya que se constituyó la Fundación Gregorio Prieto de Valdepeñas. En la actualidad esta institución posee el museo Gregorio Prieto  de Valdepeñas, inaugurado en 1990, y donde se encuentra una gran parte de su obra, además de originales de Picasso, Miró, Chagall, Chirico, Alberti y Lorca, entre otros. El día de la inauguración le fue impuesta la medalla de oro de Castilla-La Mancha. Gregorio Prieto recibió anteriormente, en 1982, la medalla de las Bellas Artes.
Prieto recibió su última distinción en 1990, cuando fue nombrado académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Los miembros de la Academia salieron de Madrid, por primera vez en su historia, para imponerle la medalla a Gregorio Prieto en el museo que lleva su nombre, ante la imposibilidad de éste de viajar a Madrid. Un grupo de historiadores del Arte, preparan en la actualidad una muestra antológica del artista.

Centenario de Gregorio Prieto
2 Mayo 1997
Para superar el tópico[6]

En torno a  Gregorio Prieto y su obra, a falta documentación seria, han crecido  como ortigas en un muradal tópicos, lugares comunes e ideas preconcebidas para todos los gustos. Lo mínimo que se puede decir es que el pintor valdepeñero desaparecido ahora hace cinco años suscitó entonces y continúa suscitando ahora sentimientos encontrados. El tópico más al uso, poniendo entre paréntesis la primera parte de su obra, la más internacional, lo identifica con molinos de viento, folklore, marineros, ruinas, maniquíes, escenas con resonancias eróticas y homosexuales, y mucho retrato relamido de la alta sociedad. Y es cierto. De todo eso hay en la obra de Gregorio Prieto, pero visto e interpretado en un contexto que es lo que falta o lo que todavía está a medio hacer. De momento, es probable que esta situación continúe cabalgando a lomos de la costumbre algún tiempo; pero los años no pasan en balde.
Cinco años después de su muerte están a punto están a punto de aparecer dos libros que resultaran fundamentales para entender la obra del pintor en su contexto histórico y dentro del flujo y reflujo de la pintura del siglo XX, desde los ismos a la abstracción,  y vuelta a la figuración y al realismo. Vicente Nello, gerente de la Fundación Gregorio Prieto, por un lado, y José Corredor-Matheos, crítico de arte, por otro, tienen avanzados sendos estudios que se convertirán, a buen seguro, en puntos de referencia inexcusables a la hora de interpretar y comprender la figura del desaparecido pintor valdepeñero.
La necesidad de estas obras era evidente desde que en 1987 la Junta de Comunidades organizara la “Gregorio Prieto. Exposición Antológica”, en la que, a juicio de los críticos, la información científica y catalográfica que se ofrecía era cuando menos “pintoresca”. Los textos que ofrecía el catálogo, en los  que Juan Ramírez de Lucas decía “…en las notas que siguen no hay ni una sola fecha, no hacen falta; las fechas siempre están dispuestas al olvido”, fueron tomados con mucho retintín y hasta con rechifla en algunas enciclopedias de arte. Esta falta de fechas, una apoyatura necesaria para conocer e interpretar la obra de cualquier artista, ha sido remediada en el Diccionario de Arte publicado a primeros años por la Biblioteca de Autores Manchegos, donde se hace una panorámica genérica de la obra de Gregorio Prieto ligándola a fechas concretas y exposiciones definidas.

Pero una página y media o dos no son suficientes para acabar con un  problema de fondo. De ahí la necesidad de recurrir a las citadas monografías que están ya muy avanzadas. Quienes sólo hayan conocido al Gregorio Prieto de los últimos años, un anciano recluido en un convento de monjas muy preocupado por salir acicalado en las fotos; quienes conserven de él la idea de traer (algunos le dan a este verbo el significado de recluir) a su Fundación de Valdepeñas toda su obra: quienes no se hayan fijado más que en sus galerías de retratos de la sociedad que le tocó vivir: una sociedad muy pacata, evidentemente cultivan una idea real pero excesivamente parcial de la obra y personalidad del pintor valdepeñero.
Prieto, un artista que se había codeado con lo mejor de la generación del 27 y que había producido a gran altura antes de la guerra civil, cuando volvió a España, tras permanecer diez años en Inglaterra, era prácticamente un desconocido y tuvo que abrirse paso como pudo. Esta necesidad vital perjudicó mucho su imagen global de artista. Hoy, afortunadamente, los tópicos sobre Prieto y su obra van cayendo uno a uno, mientras emergen con fuerza todas y cada unas de las etapas del Paular-Aranjuez, 1916-1920; la francesa 1920-1930; la greco-italiana 1930-1936; la inglesa 1936-1948, y la última, a partir de ahí. Después de analizar someramente cada uno de eso periodos, el autor del capítulo “El Arte de la postguerra” de “Summa Artis” concluye: “Me parece que la vida de Gregorio Prieto ha discurrido en medios que cabría llamar de alta sociedad y alta burguesía, pero sus pinturas no tiene la culpa de ello. El artista realiza una obra interesante durante su estancia en Roma y en España en los años de la postguerra, una pintura en la que articula tradición clásica y modernidad surrealista, al igual que hicieron otros españoles que estuvieron también en Italia en esas mismas fechas”.

En los ambientes provinciales se ha puesto también de relieve en los últimos años la contribución de Prieto al desarrollo del postismo, movimiento puramente español y en cierta forma manchego, y del surrealismo; dos formas artísticas en las que jugó un papel importante. Fue cofundador del primero junto con Ángel Crespo, Antonio Fernández Molina, José Fernández Arroyo, y sobre todo, Eduardo Chicharro, con quien congenia durante su estancia en Roma.
La contribución de Gregorio Prieto al surrealismo, a través de su actitud personal cuando estaba en Roma y por medio de las realizaciones fotográficas que ensaya conjuntamente con Chicharro, está a su vez con íntima relación con el movimiento postista.
Postismo, surrealismo, retrato de la alta sociedad, paisaje manchego: todo este material, venido a parar a Valdepeñas, clasificado por Vicente Nello e interpretado por Corredor-Matheos dará pie a nuevas lecturas que tendrán por resultado casi seguro la superación de lo tópicos que han crecido en torno al discutido y discutible pintor valdepeñero.


Bibliografía:

[1] Alfonso Castro. El País.
[2] J. Luis Loarce. El País.
[3] Alfonso Castro. El País.
[4] Luisa F. Acedo. El País.
[5] Ángel S. Harguindey. El País.
[6] José A. Casado.

Juan Lara Guido 

  GREGORIO PRIETO  (II Parte)

La Fundación Gregorio Prieto se constituye en 1968 en la cueva de Medrano, como deseo de donar toda su obra pictórica al pueblo español. En 1987 por expreso deseo de Gregorio Prieto se instala la Fundación en la Ciudad de Valdepeñas, inaugurándose la primera fase de su Museo en 1987, aunque no es hasta 1990 cuando S. M. El Rey inaugura la totalidad del Museo.
El Museo se instala en una típica casa manchega del siglo XVII, restaurada convenientemente para albergar la colección de arte. Dicha colección posee también obras de otros pintores del siglo XX, como Picasso, Dpissis, Chirico, Vázquez Díaz, Bacon, etc. Así como también una colección de dibujos originales de Federico García Lorca o Rafael Alberti, y colecciones de tallas en madera policromada de tipo religioso, pertenecientes a varios siglos.
Un recorrido por las salas del Museo permite contemplar la evolución de la obra de Gregorio Prieto, desde su época impresionista hasta el surrealismo, pasando por la época griega y romana o su etapa postista, donde destacan las surrealistas y metafísicas fotografías tan características de este movimiento. El postismo es lanzado al mundo del Arte por el genial valdepeñero y por Eduardo Chicharro desde Roma, siendo junto con Francisco Nieva, Edmundo D´Ory o Juan Alcaide los máximos representante los máximos representantes del mismo.

Guirnaldas, caracolas, camafeos, cornucopias, molinos, estampas, mayo florido y hermoso…Todo un escenarios en el que vivir la voluntariosa vanguardia que el artista Gregorio Prieto ha venido manteniendo a través de dilatados ¿Cuántos años? La acumulación caótica de estilos, maneras y procedimientos despista y deslumbra al espectador: óleos a la manera de Chirico, de Picasso o del penúltimo Picabia; dibujos a lo García Lorca, a lo Gregorio Prieto. Fotomontajes y montajes; collages, altares, diplomas, paisajes, surrealismo, dadaísmo, postismo, narcisismo, costumbrismo, kitch, o camp… De nada valen categorías para abarcar lo que sólo abarcan los ojos. La vanguardia tiene aquí aires de verbena manchego-andaluz y, como tal, va por dentro, la verbena, y se resuelve en ímpetus y sensaciones más que de pintor parece ser su intención. No se busca tanto el resolver problemas formales o de color como el dejar constancia de una biografía. Un poco como resolver un coleccionista nada cruel de mariposas o, mejor, como un niño que esconde en un hoyo sus recuerdos, preservándolos con un cristal. Monumentos personales que no admiten juicios de valor. Su curiosidad le llevó a visitar casi todos los lugares por los que discurría lo nuevo, pero en ninguno de ellos se aclimató; se limitó a asomarse y cambió el tercio, volviendo, con los años y de cuando en cuando, a visitarlos de nuevo.
Y así, para el espectador, el Gregorio Prieto típico de los dibujos de lánguidos jovencitos perdidos entre guirnaldas queda diluido en ese otro más grande que surge del maremágnum entrañable de esta exposición antológica-biográfica: el del artista que no fue fiel a su obra sino a sí mismo. Por eso no intente el espectador, y menos el crítico, buscar evolución ni coherencia entre los distintos momentos de su obra (entre otros motivos porque apenas encontrará referencias cronológicas en que apoyarse, ya que han sido cuidadosamente ocultadas: el artista eternamente joven o casi niño). Monumentos personales e inocentes para solaz de visitantes descreídos.


Prieto, una  vida  de  Pintura[1]

1997. Durante este año se conmemora el Centenario del nacimiento de Gregorio Prieto, un hombre que como pocos es capaz de devolver la brillantez al manido término “artista”. Gregorio Prieto vivió para pintar y pintó para vivir, pero no sólo eso, sino que, además, su incansable curiosidad (rara vez satisfecha) le acercó a la literatura, a la fotografía y a todos aquellos lugares y manifestaciones donde la belleza tuviera algo que susurrarle. Su extensa vida, su juventud empedernida, ha dejado tras de sí la estela de una obra prolífica y personal que suele escaparse a calificativos convencionales.
Inquieto y nervioso, dotado de una desbordada imaginación y certera intuición, se propuso ser pintor, ser famoso, ver mundo, escribir un tener un museo. Todo ello lo obtuvo con creces, ayudado por su obstinación de Tauro y una enorme capacidad de trabajo, sabiendo aprovechar tanto los éxitos como las contrariedades que jalonaron si camino. Un camino andado paso a paso, a veces a zancadas, y que, sin embargo, no alejó su corazón de su adorada Mancha natal.
Nacido en Valdepeñas un 2 de mayo de 1897, cuenta la tradición oral que el pequeño Gregorio comenzó dibujando con el entonces indispensable lápiz de color azul y rojo que abundaba en el bazar, propiedad de la familia Prieto. Bazar que, a modo de gigantesco bodegón, donde se acumulaban infinitud de objetos, seguramente impresionaría la retina del niño.
Muy pronto (1905) se trasladaría con su familia a Madrid. Ya en la adolescencia comenzaría los Estudios en la Escuela Industrial ante la presión paterna de “hacer algo de provecho”. Sin embargo, tan solo destacaría en dibujo lineal, siendo un desastre en el resto de las asignaturas y abandonando finalmente esa dirección. Pasaría a estudiar mecanografía y taquigrafía, y ante la desesperación de su padre en el taller de escenografía de Martínez Garín. Ilusionado ante la idea de por fin poder dedicarse a pintar enormes decorados, la realidad (tantas veces castradora de sueños) le demuestran que encolar, pegar carteles o clavar listones nada tiene que ver con lo que había imaginado. Pese al empeño y resignación con que trabaja de nuevo termina abandonado. En secreto se prepara para el examen de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, superando con éxito la prueba ante la resignación definitiva, en este caso, de su padre. El rumbo por fin ya está marcado y lo seguirá incansable hasta el resto de sus días.                                                                                        
Destacando rápidamente por sus dotes pictóricas le conceden una beca para realizar cursos de verano en El Paular y Aranjuez. De estos momentos datan sus primeras obras: paisajes al natural con una técnica cercana al Impresionismo e incluso al Puntillismo, de delicada ejecución, colores esponjosos, palpitantes, bañados por una luz cálida e inocente que no funde las cosas sino que las revela. Pinturas de lirismo contenido que tal vez tengan relación con la gran amistad que desde ahora y a lo largo de toda su vida mantendrá con los poetas de su tiempo: Lorca, Aleixandre o Guillén. Más tarde Cernuda o Alberti. Poetas con los que siempre se ha identificado, más que con pintores.
Con las obras de los becados se organiza una exposición a la que asiste la reina Victoria Eugenia. Prieto vende algunos de sus cuadros a coleccionistas franceses. Su éxito comienza a difundirse y es llamado para inaugurar el Salón de Exposiciones de Bilbao. La madurez de su pintura no podía hacer sospechar a los organizadores del evento que el pintor Gregorio Prieto era tan sólo un joven de 22 años, tan ingenuo que rompe un cheque obtenido por la venta de algunas de sus obras en la exposición pensando que era un papel sin valor.
A partir de los años veinte, Prieto viajará y vivirá en distintos lugares de Europa que irán dejando su impronta en los lienzos del pintor.
 Los primeros pasos le dirigirán a París, donde Picasso ostentaba el trono por excelencia entre los pintores. Su carácter extrovertido le llevará a conocer a los hombres y obras de vanguardia, estudiando las nuevas tendencias, pero sin dejarse arrastrar por ellas. Porque Gregorio Prieto no ha pertenecido a ninguna escuela, ni grupo, ni “ismo”. Su modernidad nace de su unicidad. Su mundo pictórico, a pesar de las evoluciones, es homogéneo, es un mundo cerrado que se desarrolla ilimitadamente. Las pinturas parisienses de Prieto son composiciones más estudiadas, bien son temas de naturalezas muertas teñidas de simbolismos  en homenaje a sus amigos los poetas, bien son paisajes del natural, normalmente de pequeño formato, o bien, como no, sus paisajes manchegos retenidos en la memoria y plasmados con delicada serenidad e intimidad. París le acoge con los brazos abiertos, expone en importantes galerías y su obra comienza a viajar a distintos puntos del planeta. Pese a todo, decide volver a España.
Regreso breve, pues prepara el examen para la beca de Roma, que le es concedida. Roma será un punto de inflexión en la obra del artista. Fascinado desde su juventud por el mundo clásico, se sumergirá con fruición en su trabajo, fruto del cual surgen cuadros simbólicos, de atmósferas inquietantes, ruinas melancólicas y vigorosos maniquíes. Una interpretación tan personal del mundo antiguo que Valle-Inclán (entonces director de la Academia de Roma) no duda en comparar la obra de Prieto con la de Goya.

Si Roma le deslumbró, su posterior estancia en Grecia significará la cúspide y apoteosis de la exaltación del mundo helénico. Su pintura continúa combinando las ruinas arqueológicas con las enigmáticas presencias humanas, que frecuentemente suelen ser marineros, Alter ego del viajero estepario manchego. En Grecia, Prieto encontrará otra Mancha, igualmente blanca y plagada de molinos, diferente por la presencia del mar. Después de Grecia vendrían Berlín, Bélgica, Dinamarca, Groenlandia, Egipto y finalmente Inglaterra, donde acudiría para quedarse unas pocas semanas y permaneció catorce años.
Es un periodo difícil, de Guerra Civil en España y Guerra Mundial en el resto, pero su concepción del arte, basada en el que hacer múltiple y diario, hará que su espíritu pacifista y alejado de convicciones políticas se mantenga a flote. Será un periodo de íntima reflexión y restricción. Sus paisajes, de volúmenes compactos y tonalidades apagadas, se adueñan de la luz inglesa con una maestría superior a la de los pintores nativos. El éxito continúa siguiéndole los pasos, asombrando al público en cada nueva exposición. Sus lienzos comienzan a competir con sus innumerables dibujos, dibujos que la crítica califica como “poesía en línea” y que serán solicitados para acompañar prestigiosas ediciones de Shakespeare o Milton.
Cansado de la II Guerra Mundial, regresará a España. Su capacidad de entusiasmo y admiración por lo bello le encaminará hacia distintos lugares de nuestro país en un intento por redescubrirlo. De cada viaje volverá cargado con la nueva carpeta de dibujos: Sevilla, Tarragona, Granada…
Continuará cultivando la amistad de poetas, colaborando con ellos en multitud de libros. Los dibujos de Prieto van a ser más expresionistas, cargados de una ironía sarcástica que le acerca a Dalí, Picasso o D´Ors.
Desde su Valdepeñas natal el torbellino artístico de Gregorio Prieto no conocerá descanso, creando los famosos “popares” (collages) durante los años sesenta e investigando en sus lienzos y dibujos hasta el final de su larga vida. Son numerosos los tributos de homenaje que Gregorio Prieto recibiría. En Valdepeñas, en el Museo de la Fundación que lleva su nombre, dieciocho artistas manchegos colgaron sus obras junto a otras de Prieto cedidas por el Museo Reina Sofía, en una exposición que permaneció abierta todo el mes de septiembre. A mediados de ese mismo mes, la Fundación “La Caixa” inauguró en Barcelona una exposición sobre las vanguardias fotográficas con presencia de Prieto. Por último, también se celebró una muestra antológica itinerante, organizada por la Junta de Comunidades  de Castilla-La Mancha, reúne la obra de Prieto, primero en Madrid (Centro Cultural Conde Duque), en diciembre en Toledo (Museo de Santa Cruz) y posteriormente en otros museos de Castilla-La Mancha.
Fue pintor, fue famoso, vio mundo, escribió y tres Museos en Valdepeñas llevan su nombre.

Viajes y estancias de Gregorio Prieto.

En los años 1928-1936 comienza, lo que podemos denominar su tercera etapa, que abarca precisamente su estancia en Italia y en Grecia. Su obra toma un giro decisivo en contacto con el arte italiano del momento. Durante los dos primeros años (1928-1930) se deja influenciar por lo que conocemos como el “Novecento Italiano”, movimiento que planteaba la revisión de lo considerado “moderno”, siendo más una idea que un estilo cuyo y único nexo de unión, era la vuelta al clasicismo académico. En esta línea trabajaban pintores como Campligi o escultores como Marini, sirviéndose de la figura en su concepto tradicional cono medio de expresión. Las pinturas de Prieto, “Ruinas” o “Ruinas de Selinunte”, pueden encuadrarse en este espíritu novecentista.
Conoce también la “Pintura metafísica”, por la que se siente fuertemente atraído. Dentro de esta corriente italiana, surgida en 1917, podemos encuadrar los trabajos de Giorgio de Chirico y de Carlo Carra entre otros. El retorno al orden, la valoración de la forma, la inspiración en las tradiciones artísticas, encajan perfectamente en el lenguaje personal que Gregorio Prieto estaba buscando. Esta pintura que crea ambientes enigmáticos que sugieren mundos pretéritos se refleja en obras tan singulares como “Mármol y bronce”. Su influjo lo percibimos incluso en grandes obras como “Los maniquíes” “Luna de miel en Taormina” y “La Creación”.
Italia y lo clásico llegan a dominar su vida. Recorre las principales ciudades tomando apuntes de todo lo que impacta; Roma, Pompeya, Tormina, van surgiendo en sus lienzos. El mundo antiguo le atrae de tal manera que se traslada a Grecia para conocer su arte y su historia, concibiendo obras de gran belleza plástica como “Isla Griega”.
Durante su estancia en Italia conoce al pintor Eduardo Chicharro, becado igualmente en la Academia de Roma, quien ejerció una fuerte influencia sobre su obra. Trabajan conjuntamente en fotografía, siendo retratado el artista hasta la saciedad en las más variadas poses (como marinero, desnudo, abrazando estatuas) en una concepción totalmente surrealista pero muy poética. Gregorio Prieto conservó este material que utilizará en el movimiento “Postista” de los años 40 y que retornará en los años 60 para recortarlo, en colarlo y crear sus singulares “Collages”.
En 1931 regresa a España, estableciendo nuevos lazos de amistad con los poetas de la Generación del 27, especialmente con Lorca y Alberti. Continúa viajando incansablemente por Suiza, Francia y los Países nórdicos, mientras su obra recibe elogios de la crítica más especializada. Tras su presentación en la Bienal de Venecia de 1930, es seleccionado para formar parte de la gran exposición que sobre Arte Español tiene lugar en el Colegio de España en 1935.

Se ve obligado a refugiarse en Inglaterra al estallar la Guerra Civil. Durante esta etapa estuvo muy vinculado a Cernuda. Realizó los decorados de  “La Zapatera Prodigiosa” y de “Canción de Cuna”, aparte de colaborar en la BBC como crítico de arte y acentuar su actividad como ilustrador gráfico.
En 1937 representó a España en el Pabellón Internacional de la Exposición de París con el cuadro “Luna de miel en Taormina”.

La obra de este periodo (1937-1948), más fresca, más lírica y sobre todo más serena, está centrada en la captación de paisajes al natural y en la realización de homenajes a pintores españoles “Homenaje al Greco”. Pero sobre todo y muy especialmente es este un periodo en el que Gregorio Prieto dibuja incansablemente, produciendo obras excepcionales, que son sin duda lo mejor de su trabajo sobre papel. Dibujos a tinta de una sola línea, magistrales en su concepción y en su realización, de trazo seguro y riguroso, apenas sombreados. Durante este tiempo, desarrolla una febril actividad, realiza varias exposiciones, publica libros con sus dibujos, imparte conferencias, realiza retratos de personajes célebres, pero sobre todo dibuja incansablemente.

Tras su regreso a España en 1947, tiene lugar una exposición en el Museo de Arte Moderno, gozando a partir de ese momento del favor del público. Comienza entonces lo que podríamos denominar su quinta etapa  (1949-1960) principalmente pinta paisajes manchegos de abigarrada factura y realiza sus “Collages”, cercanos al pop. Su pintura, dentro de la figuración, es absolutamente original e inclasificable dentro de las vanguardias de su época.

Relación con Miguel Hernández.
 
Miguel Hernández utilizaba las artes plásticas como fuente de inspiración en sus poesías, acostumbraba a decorar postales, cartas y manuscritos poéticos con dibujos que él mismo hacía. Existe un encuentro entre la pintura y Miguel Hernández, un enriquecimiento de ambas artes.
Los poemas de Miguel Hernández han sido ilustrados por autores como Juan Ramón Alonso, Antonio Ballesta, Joan Castejón, Ramón Fernández Palmeral…
Los distintos viajes del poeta oriolano a Madrid fueron transcendentales para su proyección poética. Es durante su estancia en la capital de España, a partir de noviembre de 1934, cuando Miguel Hernández se encuentra con el pintor Benjamín Palencia, quien le presenta a otros escritores, pintores y escultores como Alberto Sánchez, Maruja Malló, Rodríguez Luna, Miguel Prieto, o Eduardo Vicente. Su amistad con el grupo de artistas conocidos como “Escuela de Vallecas” dejó huella notable en bastantes de sus poemas.
Miguel Hernández conoció a Gregorio Prieto (de la escuela de Vallecas) en Madrid, antes de la Guerra Civil, en el año 1935, como ya se mencionó anteriormente, y tenían muchos amigos en común y esta relación de amistad de Gregorio Prieto con Luis Cernuda, Alberto Sánchez, Manuel Altolaguirre, facilitó el encuentro entre los dos.
“…Miguel Hernández, surgido en el nervioso rasguearse de la pluma como una aparición, no espectral sino vivísima, está también presente en el dramatismo de la penetrante mirada, de la boca a punto de abrirse. El artista sustituyó el contorno neto de la línea continuada y el ancho espacio blanco por la multiplicidad de trazos cortos insertos unos en otros y ordenados con intensa precisión…
Después de muerto Miguel Hernández su obra y su persona siguen siendo fuente de inspiración para diversos artistas que han pintado al poeta de Orihuela, entre ellos Gregorio Prieto. Su retrato es un homenaje póstumo que data de la inmediata posguerra[2]”.

Gregorio Prieto en la Prensa – 19 agosto 1976[3].
                                                                    

“Yo veo a Lorca eterno. Federico está fuera de la moda porque la lleva consigo, y como la eternidad no tiene límites, él seguirá siendo eterno. Aunque ahora mucha gente tiende a derribarlo, no lo conseguirán porque su pedestal es mucho más sólido que el de una pirámide de Egipto”.

Esta es la visión que, a los cuarenta años de la muerte tiene de él el pintor Gregorio Prieto, amigo en vida del poeta, a quien ha retratado repetidas veces en muchos de sus dibujos. Para Gregorio Prieto, que ha ilustrado y escrito, “porque, sabe usted, incluso han llegado a decir que yo escribo mejor que pinto”, siete libros sobre el poeta, Lorca “está condenado a la fama, con muerte o sin muerte de por medio, con sexualidad o no sexualidad por medio. Lorca no acabará nunca. En vida o muerte es y seguirá siendo famoso, como Cervantes o Dante. Era un caso increíble, mágico. Incluso antes de escribir libros, la gente y los poetas ya se inspiraban en él”.     
                                                

-¿Cómo era Federico García Lorca, qué preocupaciones tenía?

-Ante todo era buena persona. No tenía envidia de nadie, cualidad cumbre para juzgar positivamente a una persona. Cautivaba a jóvenes y viejos por su simpatía subyugante. Era como el Santo Varón de la simpatía.
Era un crío al que le gustaban las verbenas e invitar a dulces a sus amigos. Por otra parte es el poeta más católico que existió en su época, según he podido constatar a lo largo de muchos de sus dibujos inéditos que he tenido la suerte de estudiar. Se han dicho también muchas cosas sobre su mundo sexual. Creo que esto se lo último que nos debe preocupar, porque, sea cual fuere su comportamiento en este campo, sobresalía en él el sentido profundo del arte y de la creación poética.

Gregorio Prieto conoció a Lorca en el antiguo Café Regina, de Madrid. “Desde el primer momento me llamó la atención su mirada”. Pocos días después, el 7 de abril de 1924, tuvieron ocasión de dirigirse la palabra en el Museo de Arte Moderno, en una exposición de pintura. Más tarde, “Yo presenté a Lorca a Rafael Alberti, en la Residencia”. Desde entonces se hicieron grandes amigos. Ese mismo día conocieron también a Juan Ramón Jiménez, que había ido a la Residencia de Estudiantes donde pernoctaban también algunos poetas que luego llamarían de la “Generación del 27”.

-García Lorca se manifestó, sobre todo en su primera época, como dibujante, ya que ilustró varias de sus obras poéticas. ¿Cómo ve usted los dibujos de Lorca?

-Los dibujos de Lorca son buenos, en primer lugar porque son de Lorca, aunque esto parezca una afirmación irracional, pero sobre todo tienen valor porque son de una calidad poética inigualable. En los dibujos nos ha dejado una prueba más de su concepción de la vida como misterio.

-¿Ha descubierto usted alguna constante en los dibujos de Lorca que nos permita ver con cierta claridad cuáles eran las motivaciones o las obsesiones del poeta?.

-Los motivos principales de la obra de dibujos de Lorca, y me imagino que también de su escritos, son las cruces, siempre tres, las flechas, los peces, las drogas (simbolizadas en las flores) y los marineros. Estos motivos constituían para él una verdadera obsesión. Yo diría que la obsesión del misterio de Lorca, misterio que yo no podría interpretar ni explicar porque es el mismo misterio que me hace vivir también a mí. Pienso que el dibujo reiterado de cruces dentro de sus ilustraciones significaba de alguna manera el profundo mundo cristiano de Lorca y su obsesión de la muerte. El símbolo de las flechas que yo he descubierto en sus dibujos significaría la unión de lo cristiano con lo pagano, que se puede observar en todas las obras de Lorca. La flecha significa el instrumento de amor del Eros y el instrumento de inmolación (sobre todo en el dibujo del martirio de San Sebastián). El mundo de las drogas lo refleja García Lorca en las flores, sobre todo en las adormideras, las drogas de su infancia.

Gregorio Prieto, a medio camino entre el surrealismo y la pintura metafísica, sigue resucitando a Lorca, no sólo a partir de una extensa colección de dibujos que posee del poeta granadino, sino también de sus recuerdos, cartas, amistad que le unió y creación artística que, a los cuarenta años de la desaparición del poeta, continúa perfeccionando la visión que la historia ha formado de él.

Acto en recuerdo de García Lorca – 30 noviembre 1979

Se celebró un acto en recuerdo de Federico García Lorca en la sede de la Residencia de Estudiantes (Pinar,21), organizado por el Grupo de Empresas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Intervinieron: Miguel A. Almodóvar, Gregorio Prieto, la Soprano Ana Higueras y el pianista Miguel Zanetti. Cerró el acto Emilio Sáez, vicepresidente del CSIC.
El pintor Gregorio Prieto cedió trece dibujos de García Lorca, del que afirma que:
 “cuando un artista lo es, en la auténtica concepción del término, raramente se limita a un solo campo de actividad artística. Este es el caso de Federico García Lorca: poeta, pintor, músico, autor y actor teatral…Artista con mayúscula, en suma”.
“Federico se sintió siempre fuertemente atraído por la pintura, toda su obra poética es un registro de color, llegando, en ocasiones, a lo obsesivo, como en el “Romance Sonámbulo”, donde nombra veinticuatro veces el color verde, formando una armonía cromática que, como en los cuadros de Veronesse, preside la composición con una serie de matices de gama verdosa”.

“Con frecuencia, sus temas son figuras de marineros o arlequines”, añade Gregorio Prieto, “marineros borrachos, de cuyas cabezas salen, como fuentes, dos chorros de agua, mezclando la vida y la muerte, el vicio y la virtud, o el vértigo de aguas arremolinadas y mareantes, que tienden a caer, pero que mágicamente se mantienen en pie. De sus gorras marineras surgen a veces misteriosas y caprichosas cintas, que se transfiguran en inquietantes pájaros marinos”.
“En los dibujos de Lorca, no hay maestría de pintor, pero tienen, en cambio, toda la fuerza y la delicadeza del sentimiento poético de un pincel de inspiración. Hacía sus dibujos por amor, como todo lo que ordenaba su vida, que era una cántara llena de ungüentos maravillosos, constantemente desbordada y que aún hoy sigue llenando todos los ámbitos con el perfume que dejó su recuerdo”.

Inauguración de una nueva muestra de su obra gráfica y pictórica -  28 marzo 1979[4]

“Soy un coleccionista de Exposiciones”.

 Con esta fecha se inauguraba una nueva galería de arte en Madrid que por sus características existen, puesto que sus dimensiones son menores que las de un portal. Galería Mínima es su nombre y se inaugura con una exposición de aguafuertes y cuadros de Gregorio Prieto. Galería especial y pintor inclasificable por sus muchas etapas, amistades, tendencias y vanguardias exploradas.

“En esta era de coleccionismo, todo se colecciona – señala Gregorio Prieto- Todo…, sellos, corbatas, millones, cajas de cerillas, amores, cuadros, esculturas. Recuerdo en Londres que un diplomático coleccionaba famosos en carne y hueso, cosa que me hizo gracia, y quiso que participara en su colección”. La muestra de Gregorio Prieto constará de siete aguafuertes, componentes de una carpeta, Mundo Griego, editada por la nueva galería y en la que se recopilan siete grabados realizados en la etapa griega del pintor, entre 1930 y 1944 y unos diez cuadros pequeños.

“A mí se me acusa de exponer con frecuencia – añade el pintor – y es verdad que mi espíritu de coleccionar exposiciones me hace hacerlo con cierta originalidad, ya que, por si o por no, mi instinto postista me hace coleccionar arcángeles, corazones, espíritus santos, documentación intelectual y qué sé yo cuántas cosas más, y puede decirse que mi arte se ha expuesto en los cinco continentes y en los lugares más extraordinarios, lejanos, distintos, extraños, desde los más famosos museos hasta en la misma calle, al aire libre, pasando también por las más acreditadas galerías de Europa y, sobre todo, de España, que no nombre porque sería interminable”.

“Pero de las que guardo el mejor y más delicado recuerdo ha sido de las exposiciones que hice en la casa en donde nació Shakespeare, en Stradfoor-on-Avon, y la exposición celebrada en la famosísima Cueva-Cárcel de Medrano, en Argamasilla de Alba, donde Cervantes, preso, empezó a escribir la novela más maravillosa del mundo”.

“Después de las elecciones municipales inauguraré un Museo de Dibujo, aquí en Madrid, cerca de la Fundación (calle del General Orgaz), en el que expondré todos los dibujos de los grande pintores que tengo”, y luego comienza una larga enumeración de buena parte de la Historia del Arte Contemporáneo: Max Ernst, Picasso, Miró, Nonell, Regoyos, Zabaleta, Arteta, De Chirico, Rianxo, Iturrino, Bores, Cossío y sobre todo, los doce mejores dibujos de Federico García Lorca”.
Además también contará la Exposición con una selección de los mejores dibujos de Prieto, por supuesto. El Museo del Dibujo puede estar abierto al público antes del próximo verano, incrementado por dos nuevos e importantes dibujos de pintores actuales de primera fila.
“Que pienso comprar con lo que me den por un coche que me tocó en un sorteo de la  Caja de Ahorros de Salamanca. Yo no tengo coche, ni lo quiero tener. Cuando me comunicaron que me había tocado uno, les dije que lo vendieran. Con lo que me paguen compraré dos buenos dibujos, que irán al Museo.

Continuará...